No se puede controlar el mar

No sé si alguien más se fija en como está el clima antes de una movilización. Hoy es 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, y aunque hace un año que no asisto a un encuentro de tal magnitud, siempre observo en qué anda el tiempo. Estuve en casa hasta recién y mientras me ponía unas hebillitas en el pelo para salir a tomarme el tren, veo como la cortina del baño empieza a moverse. El viento comienza a mover mi casa por dentro. 
Salí casi a la misma hora que empezaba la concentración en plaza moreno, la plaza frente a la catedral, vallada, porque el 8 de marzo se dice feliz día pero es importante resguardar la infraestructura de la "sagrada" institución. Siento como el viento me mueve todo el pelo, cuidadosamente peinado, cada vez con mayor fuerza. Hoy es el día de la mujer trabajadora, y siempre la tengo presente a mamá, mañana la operan de un éstupido cáncer, justito ahi en su matriz anidandose, al parecer dura poco y eso me devuelve a la vida. 
El viento se siente cada vez más fuerte, y a mí me lleva al mes de estadía en el mar. Me imaginé viviendo a dos cuadras del bosque, que levanta un sonido que se confunde con las olas pero bien se sabe que el mar esta haciendo lo suyo. 
 Hoy escuche hablar mucho de la muerte, de nuestras muertas. A las asesinadas se las nombra con un grito, lejos de ser una ventisca, se te confunde con el sonido del mar. Profundo e infinito. Pero preciso hablar de las vivas, de aquellas que aun no murieron calcinadas por un patrón enfurecido, o bajo las manos de un hombre todopoderoso, que se escuda bajo el resguardo de un sistema descartable. El viento me mece, ya deben estar caminando todas las compañeras <<pienso>> a lo largo y ancho del mundo, de los mares y de las tierras. 
No sé si alguien se fijará en el clima antes de una movilización, pero que compañía hermosa sabernos parte de la naturaleza, que una esperanza infinita nos diga que hay un mundo en el que las mujeres existimos, somos y sentimos placer. El clima apura el paso del aire y mientras yo, llegando a la estación, me sumerjo en un recuerdo de mis piecitos en la arena, de meter los dedos cada vez más profundo. Y un pensamiento me alivia lo intranquila que me siento muchas veces, de ser mujer, con todos los riesgos que eso implica.  El mar no se puede controlar, por más que algunos expongan con total orgullo su poderío. La marea seguirá subiendo y  habrá que correrse, replegarse. Por más que uno no lo desee, las olas no se contienen. 

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